The End

9 octubre 2009

Ayer fui a la oficina. Como todo el mundo pensaba que iba a estar de luna de miel le pedí a mi jefe que nos encontremos al mediodía, cuando muchos salen.

Le conté más o menos lo que pasó y le pedí el famoso traslado a Nueva York. Es que mi vida en Buenos Aires por ahora no tiene sentido. Tampoco tengo ganas de lidiar con este asunto y tener que explicar día por medio que estoy separada. Así que me voy en diez días.

Gracias por acompañarme. La mayoría del tiempo fue un placer enorme

Au revoir!

Crónica de un fin de semana agitado

5 octubre 2009

El sábado me desperté sola a siete y media de la mañana, media hora antes de que suene el despertador. No tenía hambre pero desayuné un te para no desmayarme camino al altar, y me fui a lo de mis padres con un taxista con el que terminé hablando de mi casamiento y que me dio varios consejos (“El hombre se conforma con sexo y comida. Todo el resto no importa”).

A las nueve y media ya había vomitado de nervios y maldecía haberme despertado tan temprano y no tener nada que hacer. A las diez llegó la peluquera y a las once la maquilladora. A las once y media me vestí y me puse a ver tv, haciendo zapping nerviosa. A las doce llegó mi abuela que me acarició la panza preguntándome si iba a confesar cuando terminara la ceremonia, seguida de Agustina, que se quedó conmigo, y a  las doce y cuarto fueron llegando el resto de los invitados (entre ellos los testigos), y Pablo, al que no vi.

La ceremonia estaba pactada para la una en punto. Desde la ventana de mi cuarto (bah, mi ex cuarto y actual cuarto de huéspedes) podía ver como la gente se iba ubicando en las sillas. Podía ver a mis amigas, nerviosas y riéndose a carcajadas. A los amigos de Pablo intentando levantarse a mis compañeras oficinistas los solteros, y agarrando de la mano a sus esposas los casados. A Elina, que estaba de la mano con un tipo desconocido, a Esther que lloraba, a la tía Sara muy elegante y sin hablar con nadie, a mi prima intentando calmar su bebé lloroso, al juez de paz conversando con mi papá.

Agus y yo estábamos sentadas en la cama conversando, tratando de no mirar la hora, pero no me pude contener.

Mariana

Falta media hora.

Agus

¿Y?

Mariana

¿Qué?

Agus

¿Cómo qué? ¿Qué te pasa, que sentís, cómo estás??

Mariana

No sé, estoy muy nerviosa. Me está temblando la mano. Vomité, ¿te dije?

Agus

¿Qué, a propósito?

Mariana

No, tarada. Sin querer, de nervios.

Agus

¿Estás contenta?

Mariana

No, no sé, estoy demasiado nerviosa. Sólo puedo sentir nervios.

Agus

¿Pero contenta no?

Mariana

No sé, siento que me está por pisar un tren.

Agus

Cuando me casé con Martín estaba re contenta..

Mariana

¡Pero si era de mentira! No es lo mismo.

Agus

Sí, justamente. Con un casamiento de verdad deberías estar re contenta.

Mariana

Bueno, no sé, supongo que cuando pase todo me voy a poner contenta.

Agus

¿Y por qué ahora no?

Mariana

Uy nena, qué pesada que sos, recordame por qué te dije que te quedes conmigo.

Agus

Porque soy la única que no conoce a nadie.

Mariana

Cierto. Me estoy arrepintiendo.

Agus

¿De casarte?

Mariana

¡No, de invitarte!

Agus

¿Y de casarte no?

Mariana

¡No!

Agus

¿Segura?

Mariana

¡No! ¡Bueno, no sé!

Agus

¿¿Cómo no sabés??

Mariana

No, qué sé yo, no es que no sé. Pero no me salgo de la vaina de felicidad.

Agus

¿Amás a Pablo?

Mariana

Lo quiero mucho, mucho, mucho y no quiero que sufra.

Agus

¿Pero no lo amás?

Mariana

No sé si lo amo, creo que sí, no sé. Pero no me imagino el resto de mi vida con él.

Agus

¿Y qué vas a hacer?

Mariana

Nada, qué voy a hacer, Lo mismo que hasta ahora.

Agus

Bueno, en realidad no es momento para que te lo recuerde, pero vos sabés lo que yo opino.

Mariana

Que me tengo que separar.

Agus

¿Me vas a decir que nunca lo pensaste?

Mariana

Lo pensé alguna que otra vez.

Agus

¿Y?

Mariana

Yyyyy nada, andá yendo, sentate cerca de esa chica de amarillo que es un amor, decile que sos Agustina que te ubica perfecto.

Agustina salió y me dejó sola. Y en escasos treinta segundos todo adquirió la claridad que no había tenido en meses.

Salí del cuarto y fui a buscar a Pablo. Se veía feliz, nervi0so, ilusionado.

Y ahí le dije que me quería separar.

Que lo quería mucho pero que no lo amaba. Que igual nos casáramos y tengamos la fiesta para no hacer un drama y que la gente hablara un año pero que yo no quería que vivamos juntos, ni que sigamos siendo novios, ni nada.

Mariana

¿Me odiás?

Pablo

Sí, un poco sí. Ojo: me imaginé que podía pasar algo así, pero no el mismo día del casamiento. Pensé que, no sé, capaz te aterrabas y suspendías una semana antes. Pero Mariana, ¿el mismo día? Es demasiado.

Mariana

Perdón.  ¿Qué preferías, casarte ilusionado y que te lo diga mañana?

Pablo

Capaz que sí. Así por lo menos no tenía que disimular todo el día y toda la noche.

Mariana

Perdón. Perdón. La vida entera no me va a alcanzar para pedirte perdón. Perdoname. Pero no estoy enamorada, ¿qué puedo hacer?

Pablo

Supongo que nada.

Mariana

¿No me vas a decir nada más?

Pablo

No tengo muchas ganas de hablar. Vamos a casarnos que es la hora, dale. Mañana consulto con mi abogado.

No me gritó, no lloró, no me suplicó, no hizo nada. Sólo se quedó con la mirada perdida y me dijo que lo iba a hablar con su abogado.

Mariana

Pablo, por favor, hablemos.

Pablo

¡No tenemos nada que hablar! Ya está, estamos separados. ¿De qué vamos a hablar? Lo único que tenemos para conversar es qué va a pasar con el departamento, ya va a haber tiempo mañana.

Mariana

(llorando)

¡Pablo, por favor! ¿No vamos a hablar nunca más?

Pablo

Sí, en la fiesta. Dale, vamos.

Salimos del cuarto, me interceptó mi mamá que me puso el ramo en la mano, y nos casamos. Lloramos los dos, la gente pensó que era de emoción. Repartimos besos y recibimos felicitaciones de todo el mundo en el almuerzo. Cuando se fueron todos fui a buscarlo para hablar, pero ya se había ido. Lo llamé, pero tenía el celular apagado.

Intenté hasta las ocho de la noche, y sin saber qué hacer llegué al lugar de la fiesta. Pabló llegó a las ocho y media y me saludó con un beso en el cachete. Le pregunté si íbamos a hablar y me dijo “ahora no”. Se puso a charlar con las mozas hasta que empezó a llegar la gente, a las nueve en punto. A las nueve y cuarto ya había llegado todo el mundo y a las nueve y media empezó la comida, así que tampoco conversamos demasiado.

Fue la noche más rara de mi vida. Bailamos, comimos, nos sacamos fotos, todo como una pareja normal. Como si estuviéramos felices e ilusionados por empezar una vida nueva. A las seis y media sólo quedábamos él y yo.

Pablo

¿Dónde vas a dormir?

Mariana

No sé.

Pablo

¿Qué hay en tu casa?

Mariana

La cama y algunos muebles. ¿En la tuya?

Pablo

Lo mismo.

Mariana

¿Vas a poder perdonarme algún día?

Pablo

No sé.

Mariana

Sé que me odiás, te entiendo, estás en tu derecho y sería raro que no lo hicieras. Pero te juro que te estoy haciendo un favor.

Pablo

Si vos decís.

Mariana

Pensalo.

Pablo

Bueno.

Mariana

Vino un taxi, ¿es para vos?

Pablo

Sí. Bueno, chau. Hablemos esta semana a ver qué pasa.

Mariana

Bueno. Hablemos.

Y se fue. No sabía dónde ir ni qué hacer así que me quedé sentada en el salón mirando cómo limpiaban. Después de un tiempo, no sé cuánto, vino alguien a decirme que tenían que cerrar, si me pedían un taxi. Supongo que ni se imaginaron que yo era la novia. Deben haber pensado que era una borracha sola.

Salí sin saber qué hacer y me puse a caminar. Después de un rato decidí ir a la que iba a ser mi casa. Nuestra casa. Entré y la vi lista para recibir a un matrimonio. Hasta estaba puesta la mesa con desayuno para dos. Me tiré en la cama y lloré hasta quedarme dormida. Cuando me desperté llamé a Pablo: nada. Lo llamé todo el día de ayer y nada. A la noche, recibí un mail.

pablo

Y así fue como terminó mi posible vida de casada.

Rapidísimo

3 octubre 2009

Estoy peinada, vestida, maquillada y en lo de mis padres. No puedo creer que en unos minutos voy a ser una mujer casada.

Deséenme suerte. ¡Hasta el lunes!

A un día de casarme

2 octubre 2009

Elina:

Vive en el departamento que le paga Pablo. Viene a comer a mi casa dos veces por semana, a veces vamos al cine, también me llama por teléfono y me habla horas. No le puedo decir que no a nada porque sabe lo de Marcos, aparentemente con lujo de detalles. Quiso hablar de eso varias veces, pero más en plan somosamigascontamesilatienegrandeochiquita que en plan hijadeputacagasteamihermano. Obviamente jamás le di el gusto. Le dije a Pablo que le haga la sugerencia de hacer terapia, pero me sacó carpiendo. Toda la familia odia a los psicólogos. Pero esta chica está muy desequilibrada, en serio. Se le nota en los ojos. Tiene mirada de loca. A veces me la encuentro en la puerta de casa y me dice que estaba por el barrio, pero yo me doy cuenta de que no, de que vino específicamente a visitarme y no se anima a decirme. Tuvo un noviete que conoció en un bar y al que llevó a comer a casa (¿¿Por qué no escribí sobre eso?? ¿¿¿Por qué???). Le duró, no sé, dos semanas. Se reconcilia y se pelea con el marido vía telefónica. ¡Pero él sigue con la mina por la que la dejó! (Por teléfono, y a un océano de distancia, les recuerdo). Me preocupa. Me preocupa ella, me preocupa que dependa económicamente de Pablo, me preocupa su futuro. Pero bueno, tampoco me voy a hacer cargo.

Marcos:

Se fue a New York nomás, y aparentemente es una estrella por lo bien que está haciendo todo. El trabajo que me habían ofrecido a mi se lo dieron a otra chica de mi área, que hizo las valijas encantada y sin dudarlo. Nos mandamos mails de trabajo, pero nada más. Muy inocente todo. A veces pienso en lo que pudo haber sido, pero son sólo momentos. También hablamos por teléfono algunas veces, pero estrictamente trabajo. Me contó que está muy contento y que se lleva muy bien con la gente de la oficina de allá. El mes que viene viene por unos días a unas reuniones y eso, así que lo veré en el trabajo. Pero nada, ya está. Fue sólo un desliz (bueno, dos) debidos al pánico casamenteril. Un desliz lo tiene cualquiera.

 

Pablo:

Bridezilla en versión varón: ¿Groomzilla, sería? Yo les juro que jamás vi un hombre tan entusiasmado con los detalles de nada, ni siquiera de un partido de fútbol. Un amigo le dijo maricón y se pelearon a muerte. Nos estamos llevando muy bien por suerte.

 

Mamá:

Va de acá para allá con Pablo, son el dream team de cualquier wedding planner. Me llama 7 u 8 veces por día para asegurarse de que el vestido me siga quedando bien, de que no coma cosas que me hinchen, de que estoy aflojando los zapatos.  Hace tres días que tiene un montón de gente haciendo cosas en su jardín para que salga lindo en las fotos. Los tiene cagando.

 

Mi abuela:

Está convencida de que estoy embarazada. Dice que si no estuviera no habría organizado un “casamiento tan chiquito y sencillo, a las apuradas”. Que lo confiese, que está todo bien, que ella es moderna. No sólo eso, sino que confesó que ella se casó porque se quedó embarazada, a pesar de que estaba planeando dejar a mi abuelo. A mi madre casi le da un soponcio. Yo sólo agradezco que mi abuelo esté muerto hace muchos muchos años y no haya tenido que escuchar eso.

Mi suegra:

Desde Rosh Hashaná nos estamos llevando bien. Cruzo los dedos para que siga igual. Con Pablo está considerablemente más calmada. La tía Sara hace magia, no hay dudas. Hasta me mostró las fotos de su propio casamiento e hizo sólo un comentario ofensivo en toda la tarde. (“Qué flaquita que era, no sabés el tamañito del vestidito, las chicas de ahora no sé por qué vienen más grandotas”)

 

Tía Sara 

Me regaló una hebilla para el pelo lindísima y antigua. Me dijo que estaba orgullosa de que fuéramos a ser familia, porque por fin “va a haber alguien en sus cabales”.

 

Laura:

Me mandó un mail pidiéndome disculpas y preguntando si puede ir mañana. Obviamente le dije que sí, que es mi amiga que está todo bien. Me contestó que se alegraba porque me había extrañado, y en la posdata puso “El regalo te lo voy a deber, porque estoy con cero guita. ¿Te acordás los zapatos verdes que me gustaron? Los saqué en cuotas”

Yo:

Ayer me tomé el día por mudanza y estuvimos poniendo en orden nuestra nueva casa. Es ese departamento famoso en el que le grité a Esther. Quedó divino, está listo para irse a vivir. Ya tiene internet, cable, teléfono, vajilla, todo.  En mi casa, todo en cajas. Excepto las cosas para mañana, un poquito de ropa, cosas de tocador y un pijama; está absolutamente todo embalado. Es muy raro, me da mucha  nostalgia. Yo vivo acá desde los veintiuno. ¡Hace doce años! Es increible la cantidad de pavadas que alguien puede juntar en doce años. Cosas de la facultad, miles. Bijouterie, una tonelada. Cosas de trabajo, otra tonelada. Muchas pavaditas, cajitas, cositas. No saben el trabajo que me dio desembalar mi casa. Un poco porque eran muchas cosas y otro poco porque me dio mucha tristeza. Adoro esta casa, me dan ganas de comprarla, o de seguirla alquilando, pero no puedo. Estoy sentada en la cama escribiendo esto y no saben qué rara la vista: el ropero vacío excepto por mi ropa de casamiento, pilas y pilas de cajas prolijamente rotuladas, no hay muebles (sólo la cama), es tristísimo. Yo estoy muy nerviosa, sacudo la pierna todo el tiempo (alguna vez dije que es lo que hago cuando estoy nerviosa), tengo el estómago cerradísimo, y me cepillo el pelo compulsivamente (otra cosa que hago cuando estoy nerviosa). Me la paso pensando situaciones horribles que provocan el divorcio. El martes nos vamos de luna de miel y ni siquiera eso me alivia un poco, estoy demasiado nerviosa. No lo puedo creer. Es como si estuviera viendo todo en una película, como si le estuviera pasando a otra persona. Tengo una sensación rara en la panza 24/7. Me pasa que  me distraigo y de pronto pienso “¿qué está pasando que tengo esto en la panza?” y me acuerdo de pronto “ah, sí, me caso”. ¿Vieron cuando te despertás con una sensación muy grande de alegría o de tristeza y tardás unos segundos en darte cuenta por qué? Bueno, así.

A un día de casarme, así las cosas.

Meet my mother

1 octubre 2009

Después de seis meses de noviazgo Pablo quiso que conozca a la madre. Yo accedí contenta, porque él me la había pintado como una anciana adorable. Así que cuando me dijo que el viernes a la noche estábamos invitados a comer los dos accedí sin pensarlo mucho.

Me vestí bien sobria y me acuerdo patente que el único accesorio que tenía era aros largos. Casi ni me maquillé, usé zapatos chatos y compré un ramo de flores precioso al que Pablo dio el ok  (“buenísimo, a mamá le encanta tener flores en la casa. Mejor pensado imposible”).

Su comentario me dejó tranquila. Lamentablemente estaba a punto de darme cuenta de que con Esther ninguna mujer puede estar tranquila. Me corrijo: ninguna mujer que pretenda casarse con Pablito; porque como toda Idishe Mamme, Esther piensa que ninguna mujer es lo suficientemente buena para su hijo. Para ella, Pablo es la octava maravilla del mundo, por supuesto que nadie puede ni siquiera aspirar a estar a la altura de él. Y, menos que menos, una mujer de casi treinta no muy judía que digamos.

Nos subimos al auto y llegamos a lo de mi adorada suegra, que abrazó a Pablo desaforadamente, como si fuera el hijo pródigo, o hubiera sobrevivido a un terrible accidente. La saludé y le di las flores.

Esther

Ay, están lindas, pero yo estoy muy alérgica. Las puedo poner en el cuarto de huéspedes igual, van a quedar preciosas.

Abrió una puerta, tiró el ramo para adentro, y cerró.

Esther

Pablito, ¡mi amor! ¿hace cuánto que no te veía chiquito? ¡Este fin de semana faltaste a comer! ¡me abandonaste!

Pablo

Bueno mami…fue sólo un fin de semana. Fuimos con Mariana a pasar el día al campo de unos amigos

Esther

(riéndose)

Ayyyy ¡que bruja eh! ¡Todavía no están en serio y ya me lo estás robando!

Me reí por compromiso, aterrada. Bueno –pensé– tal vez sea un chiste de verdad.

Pablo

Ay, mamá, sí estamos en serio. ¡No hagas esos chistes!

Esther

(sonriendo)

Bueeno, bueno…”en serio”. Uno puede divertirse, sos un chico jovencito, yo entiendo como es…los hombres tienen que salir con una, con otra…Pero ¿”en seeeerio”?…¡Si ella es goy! ¿Te imaginás si yo tuviera nietos que no fueran de la colectividad? ¡Ay, me desmayo! ¡jajajajajjajajajajja! ¡Lo pienso y me río! Bueno, igual vos sos bastante grandecita ¿o no? ¿No quisiste tener chicos? ¿Cuántos tenés, treinta y pico?

Mariana

Veintinueve

Esther

Ah, pensé que treinta y algo, mirá. No sé por qué. Debe ser por la piel. Tenés la piel de una chica más grande. ¿Van a algún lado después de acá?

Pablo

no, ¿por?

Esther

No, por Marianita, estás tan arreglada que no sé. No parece que estás como para una cena familiar, estás demasiado linda. Esos aros tan…no me sale la palabra…extravagantes que tenés, no sé. Nosotros somos gente muy sencillita, ¿viste? A mí nunca me vas a ver demasiado vestida. Siempre sencillita, ubicada en la situación.

Mariana

Ay, gracias por el elogio. No, no vamos a ningún lado.

Esther

Bueeno, mejor. Estás grande para andar yendo a bailar y a fiestas y esas cosas. ¡No sos más una adolescente! Bueno, vamos a comer. ¿Pasta está bien? ¿Te gusta la pasta? Porque Sandra, la ex de Pablito, no comía pasta. También, así estaba. ¡Divina! Parecía una modelo de la tele. Una chica jovencita, veinticuatro creo que tenía. Una nena. ¿No, Pablo, que era una nena? A él siempre le gustaron las chicas jovencitas. Bueno, te decía,  ¿vos sí comés pasta no?

Mariana

No, no porque no me guste, pero la verdad es que no como pasta en general.

Esther

Ay, ¡porque parecería que sí! Mirá que no estoy diciendo que seas gorda ni nada, sólo digo que no tenés el mismo cuerpo que Sandrita. Ahora que pienso, qué linda chica que era. Pablito, nunca te voy a perdonar que la hayas dejado, eh. Jovencita, calladita y maestra jardinera. ¿Quién podría ser mejor para vos que ella?

Pablo

Mamá, ¿podemos pasar a la mesa?

Mariana

(por lo bajo, a Pablo)

¿No podías contestarle algo?

Pablo

No, iba a ser peor.

Mariana.

(Irónica)

Sí, seguro.

Pablo

Después lo hablamos.

Esther nos hizo señas para que fuéramos hacia donde estaba la mesa del comedor. Para mi sorpresa, noté que sobre el final de la mesa había dos velas sin encender. Esther fue a la cocina y apareció a los dos minutos con un pan en forma de trenza apoyado en una fuente plateada en una mano y un libro en la otra. Se ve que notó mi expresión porque en seguida dijo:

Esther

¿Por qué ponés esa cara, Marianita? Está bien que no seas judía, pero todo el mundo sabe que los viernes se hace cena de Shabat. Acá se hace siempre, ¿no te dijo Pablo?

Mariana

No, no me lo dijo.

Esther

Ah, bueno. No te preocupes igual porque vos no tenés que hacer nada. Pablito, mi amor, ponete la kipá.

Esther agarró una caja de fósforos, encendió uno y prendió las dos velas. Luego pasó sus manos por arriba del fuego y pronunció una especie de bendición. Una vez terminada, le palmeó la espalda a Pablo, como diciendo que era su turno.

Pablo

(acercándose)

No la sé de memoria.

Esther

Por algo te traje el Sidur. Tomá, mi amor, leé de acá.

Pablo

(tomando el libro)

Bueno. Baruj atá…

Cuando Pablo terminó la bendición del vino, tomó un poco, se lo pasó a Esther, quien tomó y lo dejó sobre la mesa.

Pablo

Todas las mujeres tienen que tomar, mamá.

Esther

Pero si ella no es…

Pablo

Igual

Con gesto de fastidio, Esther volvió a tomar el vaso de la mesa y me lo dio para que yo tomara vino. Y en ese momento me sentí una estúpida total. No podía parar de pensar en qué era lo que hacía yo ahí, recibiendo la caridad de una suegra como Esther que pensaba que yo no era lo suficientemente buena para tomar de su vino porque no era judía.

Esther

Falta la brajá de la jalá. Te traduzco, Mariana. Falta la bendición del pan.

Mariana

No hace falta, Esther. Ya me lo imaginé.

Esther

Ah, bueno. Es que como siempre lo hacía Sandrita estoy un poco confundida. ¿La hago yo, Pablito?

Pablo

Sí, mamá.

Esther apoyó su mano sobre el pan trenzado e hizo la bendición correspondiente. Cuando terminó, cortó un pedazo y se lo dio a Pablo. Después, cortó un pedazo para ella, y ante la mirada amenazante de Pablo, rendida, me lo dio. Después empezó la comida de verdad y con ella conversación.

Esther

Contame, Pablito, ¿el trabajo cómo viene?

Pablo habló un rato de su trabajo e intentó hablarle del mío, pero ella lo ignoró olímpicamente. Así transcurrió gran parte de la noche: Esther hablando con Pablo, que intentaba levemente introducirme en la conversación, y Esther haciéndose la que no escuchaba, o no sé. Tiempo después, también me enteré que en realidad jamás hace toda esa ceremonia (no sé cómo se dice), que no va nunca al templo, y que no le interesa mucho la religión. Lo que sí le interesa, con fanatismo descontrolado, es poner incómodas a sus visitas. Especialmente cuando sus visitas son posibles nueras que se llaman Mariana.

Desde ese día pasaron varias cosas con Esther: llamados llorando porque Pablo iba a festejar navidad, regalos horribles (no me digan que lo que vale es la intención, eran regalos claramente pensados como señal de desprecio, lo juro), comentarios sobre mi no judaísmo, sobre mi vejez, sobre mi gordura, sobre mi vagancia y todo lo que se les ocurra.

Mis amigas dicen que ese día debería haber huido y hoy no tendría que lidiar con ella. Mil veces lo pensé. Cada vez que me trató mal, cada vez que decía alguna barbaridad, cada vez que Elina me contaba alguna historia horrible. Pero en fin, Esther viene en el mismo combo que Pablo, no los puedo separar. Y si para tener a uno, tengo que soportar a la otra, en fin…que así sea.

Le dedico esta entrada a Agus R.

Shaná Tová II

30 septiembre 2009

Sara

Bueno, evidentemente el problema es peor de lo que pensaba. Ya que no se puede resolver todo al menos quiero que hagan un compromiso de no pelearse más y algunas otras cosas. Esther, vas a dejar de llamar a Pablo todo el tiempo. Máximo una vez por día, y antes preguntate si es realmente necesario. Tampoco vas a criticar más a Mariana ni a hacerle comentarios ofensivos. Mariana, vas a dejar de pensar que absolutamente todo lo que hace Esther es un ataque hacia vos y vas a ser más comprensiva. Pablo, tenés que poner un poco de orden. Nada se soluciona sin ayuda. Si no tenés ganas de hablar podés decírselo a Esther, de buen modo. Y vos Elina…qué se yo nena, sos más cizañera. No tenés arreglo. ¿Bueno, todo solucionado?

Asentí seria, y Pablo y Esther también, pero Elina no.

Elina

¿Cizañera? ¡Tía! ¿Yo, cizañera? ¿Vos sabés lo que yo sufrí en mi vida? Cuando mi cuñada me echó de mi casa, ¿vos te pensás que mi mamá quiso alojarme? ¡No! ¡Me negó un techo! ¡Las circunstancias de la vida hicieron que yo sea así!

Esther

¡Uf, nena! ¡Siempre tan dramática! No sé a quién saliste así. A tu abuela seguro, la madre de tu padre, que nunca estuvo bien, pobrecita.

Elina

¿Me estás diciendo loca?

Esther

¡Y, un poco loca estás, nena!

Pablo

¡Mamá, no le digas loca!

Sara

Bueno, no sé si loca es la palabra, ¡pero un poco desequilibrada está! Tampoco es que tu mamá dice pavadas.

Esther

La tía tiene razón, Elina. ¡Vos no estás bien! ¡Mirá la edad que tenés! ¡No trabajás, no hacés nada! ¡Tu hermano te está manteniendo! ¡Hasta el alquiler te paga!

Mariana

¿¿Cómo que la estás manteniendo?? ¿El alquiler de ese departamento le pagás? ¿Pero vos estás loco? ¿Sos consciente de la cantidad de plata que tenemos que gastar en la mudanza? ¿No tenés idea lo que me salió el flete no?

Elina

Ahhhh bueno, así que ahora nadie de acá es un mantenido.

Pablo, Mariana, Esther, Sara

¡¡NO!!

Elina

Bueno Mariana, no sé qué pretendés que haga. Si vivo con vos te quejás, si vivo sola también. ¿Qué te viene bien?

Mariana

¡¡Que labures!! ¡Tu hermano te paga el alquiler mientras yo pago el flete de nuestra nueva casa!

Esther

Sí, Elina, perdón, pero me parece que por esta vez Mariana tiene razón.

Pablo

Bueno, convengamos que si no la mantengo yo la chica se queda en la calle.

Sara

¡Nena! ¿Nunca se te ocurrió pedirme trabajo? ¡Sabés que muevo un dedo y te ubico!

Elina

No, tía, dejá. Quiero aclimatarme un poco antes de empezar a trabajar.

Pablo

¿¿Aclimatarte?? ¿¿¿Pero vos sos pelotuda??? ¡Me dijiste que estabas buscando!

Mariana

Bueno, pobrecita, tampoco le digas pelotuda. Se está divorciando, no debe ser fácil.

Elina

(meneando la cabeza frenéticamente)

No, para nada fácil, para nada. ¿Y saben qué pasa? A mi me cuesta mucho relacionarme con la gente, porque de chica mamá me espantaba las amigas.

Esther

¿Qué decís, nena? ¡Pero vos te volviste completamente loca!

Sara

¡Nancyyyyy! ¡Un alplax y un vaso de agua  por favor!

La miramos extrañados.

Sara

¿Qué? ¡Con ustedes, lo necesito!

Pablo

Sí, mamá, cuando éramos chicos siempre nos espantabas los amigos. Cuando venía uno a casa lo tratabas tan mal que no querían volver.

Esther

¿¿¿Yo??? ¡Estás loco! Yo amo a los chicos.

Elina

¡Mentira! ¡No tuve hijos porque me daba miedo que tengas nietos!

Esther

No tuviste hijos porque a tu marido no se le para, querida. Me lo dijiste vos misma.

Elina

¡¡MAMÁ!! ¿Cómo vas a decir eso? ¡Es algo privado!

Pablo

Bueno, a mi también me lo contaste.

Mariana

Sí, yo estaba. A los dos.

Sara

Y a mi también, Eli. Pero ya te separaste. No te pongas mal. Esther, es verdad que no te gustan los chicos. Cuando fuimos a la clínica a visitar el bebé de Rebeca le dijiste que era orejón pero que poniéndole cinta por ahí se le pegaban a la cabeza y no se notaba.

Esther

Bueno, ¿pero era orejón o no? ¡Fue un consejo! Jamás les espanté los amigos a mis hijos. Nunca. Si les preparaba la merienda y todo.

Elina

Mamá, por favor. Una vez volví con una amiga y me había olvidado la llave, te toqué el timbre y como estaba con ella no me abriste. Me acuerdo muy bien.

Pablo

Y a Ramiro, ¿te acordás de Ramiro?, le dijiste qué hacía la madre todo el día que encima que no laburaba lo mandaba al colegio con el pelo tan sucio.

Esther

(risueña)

Ay, pero qué rencorosos que son ustedes, eh. No dejan pasar una.

Mariana

(acomodándome en la silla)

Bue, ok. Terapia familiar entonces. Yo quedo pintada.

Elina

¡Qué egocéntrica, Mariana!

Mariana

O sea que ahora, además de todo soy egocéntrica. También egocéntrica. Buenísimo, agregalo a la lista.

Esther

¿Alguien está de mal humor?

Pablo

No, ma, se pone así cuando se hace tarde para comer.

Elina

Tía, es verdad, tenemos hambre ¿no podemos comer?

Esther

Claro, tiran la piedra y esconden la mano. Tía y Marianita: que quede claro que yo jamás les espanté los amigos eh.

Sara

Sí, sí, lo que sea. Lo de ustedes es insalvable. ¿Saben qué? Hagan lo que quieran. Yo intenté.

Y la noche siguió con una comida deliciosa y conversación de lo más amable.

Shaná Tová I

28 septiembre 2009

Creo que la noche del viernes pasado fue la más rara que pasé en mucho tiempo. Si esperaban que Esther quisiera enchufarle otra novia a Pablo en mis narices y yo revoleara una servilleta estaban equivocados. Todo empezó con un llamado.

Mariana

¿Hola?

Buenas tardes, ¿con la señorita Mariana?

Mariana

¿Sí, quién habla?

Nancy

Le habla Nancy, la asistente de la señora Sara.

Busqué en mi memoria un microsegundo. Nancy es la empleada de la tía Sara y hace absolutamente todo: es mucama, cocinera, cadeta, secretaria, portera y enfermera. A cambio, la tía Sara (que es muy generosa) le paga un sueldo del doble de lo usual y les paga el colegio a las hijas.

Mariana

Hola, Nancy, ¿cómo le va?

Nancy

Bien, gracias. Yo llamaba para avisarle que la tía Sara la espera el viernes a las nueve en punto de la noche en su casa. ¿Tiene la dirección?

Mariana

Sí, Nancy, muchas gracias. ¿Está la señora Sara?

Nancy

Sí, está, pero no puede hablar en este momento. Bueno señorita, será hasta el viernes. Saludos.

Y cortó.

Me quedé extrañadísima de que la invitación no me haya llegado a través de Pablo. Lo llamé a preguntarle y acababa de recibir un llamado idéntico al mío. Así que el viernes llegamos a lo de la tía Sara, puntuales y por separado. Nos encontramos en la puerta y subimos juntos. Para mi sorpresa no me encontré con toda la parentela sentada en los sillones comiendo copetín y burlándose unos de otros solapadamente. Sólamente estaban la tía Sara, Esther y Elina sentadas a la mesa.

Sara

Hola chiquitos, qué bueno que llegaron. Siéntense. Vos acá, y vos acá.

Nos miramos extrañados y nos sentamos. Estábamos Esther y yo cada una en cada cabecera (rarísimo, siempre se sienta sólo la tía Sara en una cabecera y la otra libre), Elina y Pablo en un costado y la tía Sara en el otro.

Sara

Bueno, dado que a partir del tres de octubre vamos a ser familia, hasta que Esther y Mariana no arreglen sus problemas no empezamos a comer y mucho menos nos levantamos de la mesa.

Miré a Pablo como interrogándolo que se encogió de hombros explicándome que él tampoco sabía nada.

Esther

Sarita, no es necesario. Mariana y yo no tenemos nada que resolver.

Yo, que con mi nueva personalidad de nomeaguantonada en cualquier otro momento me hubiera ido y mandado a la mierda a todos, me dije que era una buena oportunidad de arreglar las cosas en serio o al menos emparcharlas un poquito hasta el casamiento.

Mariana

A mi me parece genial. ¿Por dónde empezamos?

Sara

Bueno, hagamos una cosa. Una de ustedes dice algo que le molesta de la otra. La otra responde de buen modo. Llegamos a un acuerdo y cambiamos el turno.

Elina

¿Nosotros podemos opinar tía?

Esther

¡Obvio, mi amorcito! ¿Para qué están si no?

Sara

Las reglas las pongo yo, Esther. Pueden intervenir sólo si no llegamos a ningún acuerdo. Yo les doy la palabra. Bueno, empecemos por Esther. ¿Qué te molesta más de Mariana?

Esther

¡Que me quiere poner al nene en contra! Todo el tiempo le habla mal de mi. Yo estoy segura de que es así. El único motivo por el que se casa es para ser ella la mujer más importante en la vida de él. Es bicha, no le gusta que él tenga relación conmigo.

Mariana

¿A mi me toca contestar, no? Bueno, mirá, a mi no me interesa poner a Pablo en contra tuyo porque no quiero competir con vos. Vos sos la madre y yo la mujer. No me interesa ponerme en el lugar de madre y me daría mucho asco que te pongas en el lugar de esposa. Hay lugar para las dos. A mi lo que me molesta no es que Pablo te de bola, me molesta que te pongas en el lugar de víctima para que te de más bola de la necesaria. Porque sabés que él siempre cae.

Pablo

(irritado)

¿Qué? ¿Que yo siempre caigo en qué? ¿Me estás tratando de boludo?

Sara

Callate Pablo. No es tu turno.

Esther

¡Pero qué víctima ni ocho cuartos, pendeja insolente!  ¿¿Qué te creés que yo necesito inventar cosas para que mi hijo me de bola?? ¡Pablito mantiene una relación conmigo porque soy su madre, y vos no sos nada!

Sara

¡¡Esther!! ¡¡Sin insultos por favor!!

Mariana

Eso, sin insultos. Y además sí soy algo, soy la futura esposa.

Elina

Bueno, yo no digo que estuvo bien pero pendeja no es un insulto tampoco.

Sara

No es tu turno, Elina. Cuando sea yo te voy a dar la palabra.

Pablo

Eso, no es tu turno. ¡Siempre metida!

Sara & Mariana

¡El tuyo tampoco!

Pablo

Ay, bueno, perdón.

Sara

Esther, tenés que pedirle perdón a Mariana.

Esther

¿Qué, por decir lo que pienso?

Sara

No, por decirle “pendeja”. Sos una maleducada. Una mujer grande, habrase visto.

Esther

Perdón por decirte pendeja. Por lo otro no.

Mariana

Acepto tu perdón.

Sara

Bueno, vamos por partes.  Mariana, Esther piensa que ella no se pone en víctima, y te dijo que vos no sos nada. Ahí tenemos dos asuntos para tratar. Por un lado, Esther, Marianita se va a casar con Pablo, así que sí es algo. Vas a tener que entender eso. Y por otro lado, Mariana, Esther dice que no se hace la víctima. ¿Por qué decís eso vos?

Mariana

Por ejemplo, una vez se hizo la que tenía gripe A porque sabía que Pablo estaba en mi casa. Otra vez, cuando fuimos a ver un departamento (porque Pablo siempre la mete en todo), estuvo tan desubicada que la eché y, es verdad, le grité un poco; pero enseguida le fue con el cuento a Pablo y hasta le dijo que yo la había zamarreado.

Esther

Nene, ¿tenías que ir corriendo a contarle, no?

Pablo

¡Ay, Mamá, me dijiste que te había sacudido! ¿Cómo no le voy a decir nada?

Elina

Sí, mamá, yo soy testigo. ¡Vos le dijiste que le diga algo!

Sara

¡Respeten los turnos! Y vos, Mariana, estás mezclando. Es el turno de contestar las preguntas que te hice, no de decir nuevas cosas que molestan.

Mariana

(bajando la vista)

Perdón.

Sara

Bueno, lo de la gripe, tenemos que partir de la base de que nadie miente. Si no no sirve. Así que, en teoría, nadie miente. ¿Qué fue lo que más te enojó?

Mariana

¡Que no tenía ni fiebre ni nada! ¡Lo hizo sólo por joder!

Sara

Bueno, ¿no se te ocurrió que podía sentirse mal en serio? Tal vez se asustó. Además, dijimos que nadie miente.

Elina

(susurrando)

Vos dijiste.

Sara

(levantando las cejas)

¿Qué?

Elina

Nada, nada.

Sara

Ah, bueno. Bueno, decía: si partimos de que todo es verdad, lo de la gripe también era verdad. Entonces, lo que habría que trabajar sería la dependencia que tiene Esther con Pablo. Creo que lo mejor va a ser que ahora, antes de llamarlo, te preguntes si es realmente necesario.

Esther

(alzando las manos)

¡Pero Sara, por favor! ¡Estaba enferma! ¡Eenn-ferrr-maa! ¿Cómo no lo voy a llamar?

Sara

Pablo, ¿a vos te parece que tu mamá te llama demasiado?

Pablo

Bueno…¿cuánto es demasiado? ¿Cuántas veces? Es difícil trazar una línea, ¿no? Tampoco es todos los días lo mismo y…

Elina

¡Ayyyy, Pablo! Perdón, tía, ¿me das la palabra?

Sara

Dale.

Elina

Te vivís quejando de que mamá te llama demasiado. Tía, lo llama veinte mil veces por día. Hasta lo llama a preguntarle qué comió. Y a la oficina encima.

Esther

Bueno, si el problema es ese te llamo al celular. ¿Está tan mal que una madre se preocupe por su hijo?

Pablo

No, mamá, no es que esté mal. Es que a veces es un poco…no sé…

Mariana

Agotador.

Esther

Mariana, no es tu turno.

Elina

¡Sí, mamá es agotador! ¡Mirame a mi, que me fui de vacaciones y me casé con el primero que se me cruzó! ¡Basta, tía! ¡No me digas nada del turno!

Esther

¿¿Agotadora?? ¿¿Ahora soy agotadora?? Vos lo que sos es malagradecida, querida.  Y pensar que la vez que te di un bife tu padre me hizo un escándalo. ¡Veinte bifes te debería haber dado!

Todos empezamos a gritar y a hablar unos sobre otros hasta que la tía Sara nos calló.

Sara

(pegándole a la mesa con el bastón)

¡¡SILENCIO, CARAJO!! ¡RESPETEN LOS TURNOS! ¡Estoy harta de decirlo!

Se hizo silencio inmediatamente.


De cómo conocí a Pablo II

23 septiembre 2009

Mariana

¿Hola?

Pablo

Hola, ¿Mariana?. Habla Pablo.

Mariana

¿Quién?

Pablo

Pablo, salimos el otro día.

Le hice una seña a mi acompañante y me fui a hablar aparte.

Mariana

Ay, sí, Pablo. Perdoname, no caí. ¿Cómo estás?

Pablo

Bien, todo bien, ¿vos?

Mariana

Bien, todo bien. Te digo la verdad, estoy ocupada ahora. ¿Podemos hablar mañana?

Pablo

Disculpame, disculpame, es cortito. ¿Querés que salgamos este fin de semana?

Me quedé extrañadísima. ¿Salir? Si lo habíamos pasado pésimo. ¿Habíamos estado en la misma cita? ¿No se había dado cuenta de lo incómodo que había sido todo? ¿Pero cómo podía salir de esa? No, imposible. Tampoco quería ser desalmada.

Mariana

Bueno, dale, ¿cuándo?

Pablo

Te paso a buscar el sábado a las doce y media maso.

Mariana

Ay, es demasiado tarde. ¿Antes no?

Pablo

No, no, del mediodía. ¿Te queda bien?

Mariana

Sí, perfecto. Nos vemos entonces. Es el xº.

Pablo

Nos vemos. Un beso

Mariana

¡Otro!

El sábado me pasó a buscar puntualísimo (primera vez que salí con un tipo al mediodía, así, en la primera o segunda salida) y fuimos a almorzar a un lugar lindo, con terraza. Había sol y comimos afuera. Y no sé, era como si fuera otro tipo. Nos reímos, conversamos. Me dijo que la vez anterior había estado muy callado porque había tenido no sé qué lío importante en la oficina. Después fuimos al Jardín Japonés. Me cayó genial que quiera ir ahí. Y nada, me dejó en casa como a las nueve de la noche. Salimos un día esa semana, y ese finde, y otra vez, y otra, y otro día conocí a la madre, y otro día él a mis padres, y otra vez me propuso casamiento y acá estamos. Después les cuento del día en que conocí a la madre. ¡Y de la cena de Rosh Hashaná en lo de la tía Sara el viernes!

De cómo conocí a Pablo I

17 septiembre 2009

Antes que nada les aviso que mi historia con Pablo no es nada fuera de lo común, ni hiper romántico, ni nada. Es una historia como miles. Habiéndolos puesto sobre aviso, prosigo.

Les conté brevemente que un cadete que nuestras oficinas tenían en común nos puso en contacto a través de un mail.

Yo no solía hacer esas cosas, primero porque no estaba desesperada por conocer a nadie, y segundo porque las dos o tres veces que lo había hecho los tipos eran unos pelotudos.

El cadete en cuestión, Rodrigo, es un chico amoroso y trabajador que en ese momento tenía dieciocho años y una novia divina (la llevó algunas veces a la oficina para que yo la conozca), y además yo era su mejor amiga. Todos los días a las once de la mañana llegaba, y lo atendía yo, que usualmente nunca me hubiera encargado de la mensajería, pero con él me divertía conversar. Me contaba sus idas y vueltas con la novia, tomábamos un café chiquito, y cuando terminaba se iba a hacer sus trámites. A veces hablaba yo y le contaba de los tipos con los que salía, anécdotas graciosas, no sé.

Un día me dijo que había un tipo en otra oficina soltero, muy buena onda y que era muy para mi. (No sé que me habrá querido decir). Después, con mi permiso, mandó el mail del que les conté. Me hinchó tanto para que le de una chance que tome yo tomé la posta y le escribí a Pablo. Nos mandamos dos o tres mails y empezamos a chatear. Chateamos, no sé, dos semanas y me invitó a salir. Quedamos en encontrarnos al día siguiente en un bar cerca del trabajo de los dos, a las siete de la tarde. La única foto que había visto de él era una donde estaba con mil tipos más, que me había mostrado Rodrigo.

Yo llegué diez minutos tarde y él estaba sentado tomando una coca. No le conocía bien la cara pero me di cuenta inmediatamente que era él, como si lo conociera más. Tal vez porque no había muchas personas sentadas solas. La primera cita fue un fracaso estruendoso: ninguno de los dos hablaba demasiado, no sabíamos qué contarnos, no parecíamos coincidir en nada. No fluía. Fue una de esas conversaciones en que uno dice o cuenta algo y el otro añade alguna pavada sobre el tema (que conoce a alguien que trabaja en eso, o pregunta algo que siempre quiso saber), y la conversación muere ahí. Cuando había pasado poco más de una hora Pablo dijo que se tenía que ir (festejo interno de mi parte) e insistió un poco para llevarme. Yo al principio me negué pero le quedaba tan de paso que era demasiado obvio negarme demasiado, y además bueno, está el detalle de que soy una pésima mentirosa y jamás podría haber inventado una excusa creíble.

El viaje fue incómodo y cuando me bajé del auto pensé “Ok, una cita fallida más. No lo veo más y punto”, pero no le di mucha importancia porque no tenía ningún tipo de apuro para conseguir novio, ni había puesto demasiada expectativa tampoco.

Ese sábado salía con un amigo de una amiga, un tipo que ya conocía y me caía muy bien. Nos encontramos para ir al cine en una función como de las siete de la tarde, algo así. Cuando salimos, y estábamos yendo a comer, sonó mi celular: era Pablo.

Todo tiene un final

16 septiembre 2009

Mi primera decisión “importante” como comprometida fue la de pagarle al juez de paz para que nos case fuera del registro civil, en el jardín de mis padres.

Y Laura dijo “Uf, mirá que es época de lluvia. Un bajón si llueve, todo embarrado, un asco. Aparte el jardín de tus viejos, no sé, como que no es tan lindo.”

Después fuimos a averiguar qué onda lo de los exámenes médicos y eso (yo no sabía que había que hacérselos).

Laura opinó que “es una suerte que te obliguen, porque así si se anduvo revolcando con alguna otra y fue tan estúpido de no usar forro te vas a enterar. ¡Mirá si se agarró una peste y te la contagió!”

La tercera cosa fue elegir qué flores voy a tener en el ramo.

Y Laura dijo que era “demasiado sencillito. Es un casamiento nena, es re de pobre ese ramo. Te aviso que ni voy a esforzarme por agarrarlo”

Me lo banqué todo como la mejor. Hasta hoy.

Mariana

¿Hola?

Laura

Holaa, ¿qué hacés?

Mariana

Nada, leía. ¿Todo bien?

Laura

Todo bien, quería saber qué hacés mañana después de la oficina. ¿Querés ir al cine?

Mariana

No, sorry, pero me voy a comprar el vestido mañana.

Laura

¿Mañana tiene que ser?

Mariana

Sí, lo estoy posponiendo demasiado y además mañana está liviano y me puedo ir un rato antes de la oficina y está todo bien.

Laura

Ah, sos una garca, ¿no podés ir un día más tarde?

Mariana

Ay, boluda, ¿de qué garca me hablás? ¡Me voy a comprar mi vestido de novia! ¡Vamos pasado al cine!

Laura

Bue…si vos decís…¿ya sabés dónde lo vas a comprar?

Mariana

No, tenía pensado ir a — —— que siempre tienen lindos vestidos, y si no no sé, mirar. Tengo un par de locales anotados, que tenían cosas lindas.

Laura

¡No puedo creer que no te lo vas a mandar a hacer, te juro! Es la única forma de que te quede perfecto.

Mariana

Bueno, no sé. Mi vestido colorado corto es de ahí y me queda como a medida.

Laura

Sí, pero no sé, no es para vos ese local. Sos como muy…no sé.

Mariana

¿Muy qué?

Laura

No sé, medio raquítica.

Mariana

¿Raquítica? ¿Vos me estás jodiendo?

Laura

Bueno, no sé si raquítica, pero no tenés cuerpo para ir ahí. Yo te acompaño.

Mariana

No, no es necesario, en serio, ¿para qué?

Laura

¡Para que no cometas un error garrafal!

Mariana

No jodas Laura.

Laura

No es joda, en serio te digo. No da que vayas sola. Acordate de lo que te comprate para el casamiento de Jan.

Mariana

Sí, un vestido precioso que todo el mundo me elogió y pude volver a usar en mil fiestas. Sorry, pero en serio, prefiero ir sola.

Laura

Uh, bueno, no te pongas nerviosita. Yo sé que el casamiento te trae a mal traer, pero no te la agarres conmigo, ¿qué te hice?

Mariana

Mirá, no tenía ninguna intención de decirte nada, pero ya que preguntás…Desde que te conté que me voy a casar no hacés mas que tirar mala onda, que despreciar todo lo que se me ocurre, que ser una pesimista de mierda. Me tenés harta y no tengo ganas de en este momento de mi vida que debería ser feliz estar rodeada de malas energías.

Laura

Ah bue…o no te están atendiendo muy bien, o te vino. ¿Cuál de las dos?

Mariana

Sos una pelotuda.

Laura

Vos una malcogida.

Mariana

Andate a cagar.

Y le corté el teléfono. Qué nervios, me quedó temblando la mano. No sé qué pasa ahora. Me quedé maquinando como loca. ¿La llamo? No, estuvo mal ella. Pero capaz me zarpé con lo que le dije, pobre. Debe ser difícil para ella. ¿Espero que me llame? ¿Y si no hablamos hasta el casamiento? ¿Podrá pasar eso? ¿Aguantaremos tanto tiempo? ¿Tiene que venir sí o sí? ¿Es desubicado si viene? No sé, me dijo malcogida. Pero bueno, ella siempre dice malcogida. Pero a mi me lo dijo en serio. ¿Es imperdonable si no viene? ¿El casamiento es lo más más importante en términos de  ¿Fue grave lo que le dije?


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